|
Recién me estoy “estrenando” en esto de ser madre de un niño deportista. Lo admito, me gusta ser una “soccer mom”, y sobre todo, en ésos días de ocio, darle par de patadas al balón con mi hijo.
He experimentado la sensación de ver a mi hijo haciendo un gol. Y créanme, es la mejor sensación del mundo. Al igual que yo, otras madres y padres deben haber sentido alguna vez lo mismo al ver a su hijo hacer un putt perfecto, un canasto de tres o un home run. No sé si ustedes, pero a mí me dan ganas de correr, meterme en la cancha y llenarlo de besos. Pero también, cuando hace una mala jugada o pierde un partido, aunque el corazón se me apriete por la tristeza, siempre le demuestro que el mundo no acaba ahí. Siempre habrá una oportunidad para sobresalir. No todos nuestros hijos pueden ser un Roberto Alomar, un José Juan Barea, un Cristiano Ronaldo o un Tiger Woods. Lo importante es que, como padres siempre estemos ahí. Celebrar sus triunfos tanto como sus derrotas, porque de éstas, se aprende. No todo en la vida es ganar, pues para ganar hay que saber perder primero. Con tristeza he observado varias veces cómo algunos padres reprenden con furia a sus hijos por algún “error”, no dando oportunidad a que de esa experiencia ellos aprendan por su cuenta que no siempre se gana. Este fin de semana mi hijo jugó un partido. Perdieron. Cuando nos íbamos, le eché el brazo por los hombros como siempre. Y nos fuimos a casa con el mismo orgullo con el que llegamos. Siempre hay oportunidad para mejorar, para progresar y dar lo mejor de sí. Y los padres tenemos la obligación de apoyar a nuestros hijos en todo momento, ganen o pierdan. Después de todo, no todos podemos tener un pequeño Tiger Woods.
Add this page to your favorite Social Bookmarking websites
|