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Por: Leidi M. Guzmán
lguzman@holeinonegn.com
Se dice que éste es el año de las películas en tercera dimensión, o 3D. Avatar se ha convertido en un ícono en el cine y muchos conocedores de la Industria alegan que estableció una pauta y que la historia del cine se redefinió a partir de esta película. No lo niego, me asombró bastante, no como para verla dos veces como hizo mi esposo, pero sí, logró cautivarme, más que por la trama, por los efectos especiales, OB-VIA-MEN-TE, como diría una colega y amiga.
El Cine 3D ya está aquí, los televisores 3D también, y las consolas de videojuegos en 3D pronto vendrán por ahí. ¡3D! ¡3D! ¡En algún momento tendremos hologramas flotando por nuestras casas! ¡Ya me imagino a La Comay dando chismes en mi sala! Ya me estoy animando a jugar en uno de los minigolf 3D que ya están disponibles en Europa, pues el Wii todavía no me ofrece la ventaja de “verme” dentro de un campo. ¡Wow! Me imagino jugando en Bethpage con Phil Mickelson y Sergio García. Mejor aún, imagínese viendo alguno de los torneos del PGA Tour y ver a Tiger en 3D ¡Wow! Eso sí, procure alejarse de cualquier driver que vea cerca, por si las moscas. Hmm… ¡qué difícil es hablar de golf sin hablar de Tiger, ah! Claro, si después de lo ocurrido (lo que ha sido requetecomentado) con el Tigre, no es para menos. Éso amerita más análisis que los propios planos tridimensionales que andan rondando las salas de cine. Me pregunto, ¿en cuál de los planos le habrá dolido más al Tigre…? ¡Todo es 3D, 3D!
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